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Trueque de servicios para tiempos de crisis

| Notas de Prensa | 1 septiembre, 2012

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No importa el valor, sino el favor». Ese es el punto de partida del primer Banco de Tiempo oficial de la capital o, lo que es lo mismo, del colectivo que en breve organizará trueques de oficios, servicios u objetos entre ciudadanos que no se conocen, pero que se necesitan.

Desde arreglos de bricolaje, fontanería o ropa hasta el cuidado esporádico de los hijos o de una persona mayor a cambio de cualquier otro servicio. Los bancos de tiempo son un gran saco en el que caben multitud de intercambios, siempre y cuando sean altruistas y sin transacción económica de por medio, y hace tiempo que funcionan en numerosas ciudades españolas, pero no en Burgos. O, al menos, no hasta ahora.

Pilar Barrios es una pintora y restauradora afincada en Burgos pero nacida en Logroño, ciudad en la que hace años se puso en marcha un banco de tiempo que siempre le admiró por su funcionamiento, utilidad y acogida. Apartir de ahí, fue investigando sobre el tema, poniéndose en contacto con otros organismos similares de distintas capitales y llegó a la conclusión de que si funcionaba en gran parte del mundo, ¿por qué no en Burgos? «Decidí ponerlo en marcha por mi cuenta, así que comencé a elaborar los estatutos y, mientras estaba con ellos, entré en contacto con otras personas interesadas en lo mismo que yo», explica aludiendo a Javier Sáez y a Cristina Pineda, los otros dos representantes del incipiente banco de tiempo de la capital. Una vez elaborados los estatutos, Barrios registró a la entidad tanto en la Junta como en el Ayuntamiento y comenzaron a pensar en aspectos más prácticos como dónde ubicar la sede y, sobre todo, cómo organizar la puesta en marcha del colectivo. Ahora que ya lo tienen todo definido, solo les falta empezar a dar respuesta a las múltiples llamadas que reciben a diario en busca de trueques.

«El Ayuntamiento quedó en cedernos una sala en el centro cívico de San Agustín o en la Casa de Cultura de Gamonal, así que estamos pendientes de esto para poder empezar», explica Barrios. Aunque la mayor parte de los intercambios se materializarán a través de Internet y sin contacto físico entre los interesados, Pilar Barrios y Javier Sáez explican que necesitan un espacio físico en el que verse con los participantes, para dar garantías de que todo se desarrolla como es debido. «Hay que tener en cuenta que muchos intercambios se realizarán en domicilios privados o espacios cerrados, por lo que tenemos que dar una seguridad, aquí no puede entrar todo el que quiera», explica Barrios, matizando que también puede haber intercambios que deban celebrarse en la sede como, por ejemplo, una clase de yoga, de gimnasia o de masaje.

También están pendientes de dar los últimos toques a la página web en la que todos los interesados en utilizar el banco del tiempo tienen que registrarse, tanto si quieren demandar un servicio como si quieren ofrecerlo. Por ejemplo, un peluquero puede registrarse para ofrecer un corte de pelo a cambio de que alguien vaya a su casa a solucionarle un problema eléctrico. Y así sucesivamente. «La idea es empezar dando talonarios de una hora, pero en realidad no creemos que sea necesario poner una limitación de tiempo, sino que creemos más en el servicio por servicio, favor por favor con independencia del tiempo que dure o de su valor económico», explican.

A pesar de ello, para un primer momento han decidido que cada usuario del banco de tiempo pueda recurrir a sus servicios durante un máximo de diez horas al mes. Barrios explica que han tomado esta decisión porque «hemos visto que en otros sitios se han producido abusos con gente que pretendía que le limpiaran la casa o que le cocinaran a diario mediante el banco del tiempo, y eso tampoco es». Eso sí, matizan que una vez que se pongan en marcha, analizarán si es necesario mantener este límite, ampliarlo o reducirlo. «Creemos que puede funcionar muy bien, y más en un momento de crisis como este, en el que hay mucha gente en el paro, que puede necesitar de muchas cosas y tiene tiempo para ofrecer otras tantas», apunta Sáez. Él, por ejemplo, explica que es técnico microinformático y bastante manitas, por lo que puede ofrecerse para arreglar ordenadores o hacer algunos trabajos de bricolaje a cambio de otras cosas.

Fuente: Gadea G. Ubierna / Diario de Burgos

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